¡Adiós embarazo y gracias! Lo que nunca te cuentan sobre el embarazo

Hola a todos, hacía ya algún tiempo que no escribía en el blog y el motivo es que he estado embarazada, quizás no parezca un motivo de “peso” pero mi embarazo no me permitía estar muy inspirada, ni al cien por cien de mis posibilidades.

Hace tan sólo diez días que di a luz a mi segunda hija y quería hacer hincapié en este momento tan importante para una mujer que es convertirse en madre después de 40 (en mi caso 41) semanas de embarazo. Donde cedes todo tu cuerpo y alma a ese nuevo ser que viene en camino y aunque parece una época bonita, puede llegar a convertirse en un auténtico suplicio.

El embarazo es una época donde desde otros puntos de vista parece que la futura madre lo vive desde una perspectiva en la cual está disfrutando y se encuentra estupendamente. Cuando estás embarazada la mayoría de mujeres te dicen : “disfruta que es super bonito”, y la verdad que el concepto en sí, es precioso. Crear una nueva vida dentro de tu cuerpo es algo maravilloso, pero el embarazo y todo el proceso que conlleva con el parto incluido a mi no me parece nada bonito. En el parto excluyo el alumbramiento que es cuando nace el bebé y finalmente te lo ponen en tus brazos, eso sí que es lo más bonito de todo el embarazo, y es que realmente es cuando el embarazo ha llegado a su fin.

Conozco mujeres que me cuentan y he podido comprobar con mis propios ojos que les ha ido fenomenal y casi ni se han enterado, tan sólo han engordado unos kilos, no han tenido casi ningún síntoma y han llegado a término casi sin enterarse. Bueno, para mi estas mujeres son la excepción y han tenido una gran suerte, la otra gran mayoría es el grupo donde me encuentro, mujeres que estábamos deseando terminar para volver a encontrarnos a nosotras mismas.

Al comienzo de mi embarazo parecía que todo iba bien, con las típicas naúseas matutinas, pero energía y buenas expectativas. Iba a trabajar y realizaba mis actividades con normalidad, tuve que dejar de practicar mis deportes preferidos por precaución pero realizaba natación tres veces a la semana, mi alimentación también estaba cuidada, parecía que todo iba sobre ruedas. Aunque sí que es cierto que me cansaba más de lo habitual pero pensé “si sigo así hasta la semana 40 podría seguir trabajando”.

Pero llegó la semana 28 (a los 7 meses de embarazo) y empezó a convertirse en algo incómodo y limitante. Aunque no era algo constante, mi tensión se empezó a descontrolar y no me tenía en pie, me mareaba y la fatiga que sentía me impedía hasta respirar, así que a la fuerza y recomendado por mi ginecólogo tuve que coger la baja laboral. Eso para mi psicológicamente fue muy duro ya que me apasiona mi trabajo y tenía que dejar a medias muchos tratamientos psicológicos y a muchas personas que estaban en pleno proceso de recuperación. Algunos pacientes entendieron más que otros este cese de mi actividad, pero aunque yo no estaba en la consulta estaba al otro lado desde casa reuniéndome con mis compañeras y asegurándome de que estaban recibiendo la mejor de las atenciones que estaba en mis manos.

Fueron momentos difíciles para mi a nivel profesional, a pesar de ser autónoma, tuve que coger la baja y manejar como podía mi propio Centro de Psicología. Pero aún me quedaban 12 semanas por delante, y lo cierto es fueron aún peores. Mi peso seguía aumentando llegando a soportar hasta 18kg de más en mi cuerpo, el calor y la fatiga hacían que a veces no pudiera permanecer en pie más de dos minutos. Andar era una odisea y a última hora vinieron los vómitos de nuevo, y no por los cambios hormonales sino porque mi estómago no tenía espacio suficiente ya que lo ocupaba todo mi bebé. Y aunque comía cantidades pequeñas de comida, mi cuerpo no podía ni siquiera digerirlo.

¿A que os está pareciendo maravilloso hasta ahora el embarazo, verdad? Pues podría seguir con la lista de síntomas que podemos tener las mujeres durante este período, especialmente el final del embarazo donde es verdaderamente incómodo y ya no hay manera de sentarse, ni de tumbarse. Es increíble lo que una mujer es capaz de soportar para traer al mundo a un hijo.

Y por último viene el parto, ese acontecimiento único e irrepetible en el cual no hay dos partos iguales, ni siquiera viniendo de la misma mujer.

Pero recordemos que aquí estamos para ver ” el lado bueno de la cosas” y es de verdad que cuando te ponen a tu bebé encima por primera vez tienes la mayor de las recompensas después de todo el esfuerzo realizado y es entonces cuando se olvida lo mal que lo hemos podido pasar durante el embarazo. Y es que recordemos que la oxitocina, que es la hormona que se libera durante el parto favorece el olvido de estos acontecimientos dolorosos, sino no repetiríamos la experiencia y se acabaría extinguiendo la especie humana.

Por eso, quería compartir hoy con vosotros esta experiencia, porque el embarazo es un proceso que conlleva momentos difíciles al contrario de lo que nos cuentan. Yo personalmente, estaba deseando que finalizase, claro que eso implicaba poder tener por fin a mi hija.

Os dejo con la imagen que mejor expresa lo que os cuento, yo con mi hija recién nacida en mis brazos por primera vez, os dejo la imagen que refleja la mayor de las recompensas.


Gracias embarazo y gracias a todas las personas que han estado a mi lado desde el principio hasta el final.

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