La sociedad de las prisas

Vivimos en la cultura del estrés, en la «sociedad de las prisas» donde estamos acostumbrados a que las cosas ocurran ya, cuanto antes, aquí y ahora. Nos estamos habituando a tener a nuestro alcance la gran oportunidad de realizar compras por internet rápidas y casi instantáneas, o a preparar la comida y comer rápido con comida precocinada o con la llamada a algún servicio domicilio.

En este vorágine de prisas, que nos lo pone difìcil para saborear cada segundo de nuestras vidas. Dejando de lado el valor de una mirada, de un abrazo, de una sonrisa, el olor de una naranja dulce o el sabor de un tomate jugoso, dejando de conectar con nuestro lado más humano y permaneciendo conectados de manera constante e infinita a aparatos electrónicos que son los que van guiando nuestro día a día. Olvidando las percepciones, sentimientos y sensaciones, olvidando en ocasiones nuestra identidad como seres humanos.

Quizás nos estemos creando más necesidades de las verdaderamente necesarias, en la actualidad se nos incita a crear necesidades a nuestro alrededor de manera constante, como por ejemplo desde la publicidad que nos envuelve allá donde vayamos. Cuando lo único importante son nuestras necesidades fisiológicas básicas, de afecto, de protección y de cuidado. Todo lo demás si no queremos, no hace falta. ¿ O acaso es necesario tener una piel perfecta, un cuerpo perfecto, un look perfecto, el último modelo en bikinis, en zapatos o en gafas de sol?.

Tomar conciencia de todo ello nos permitirá hacer cambios, pero ¿Para qué? Pues para aprender a experimentar el día a día de una forma más pausada o tranquila que nos ayudará a vivir más calmados, menos estresados, más en paz y en definitiva más felices.

Algunas recomendaciones para lograrlo serían:

  • Intentar realizar algunas tareas del día a día a cámara lenta, frenando el ritmo acelerado habitual.
  • Si tenemos la oportunidad, aprender a decir que no a las actividades o tareas que no consideramos necesarias, ni urgentes o que nos restan en vez de sumar.
  • Dedicar unos minutos cada día a prestar atención plena a una sola actividad mientras la estemos realizando, dejando de lado cualquier pensamiento o preocupación.
  • No comprometerse con más tareas o actividades de las necesarias, aprender a priorizar.

Todo ello nos ayudará a romper con el ritmo de la cultura de la prisa en la que estamos inmersos y nos ayudará a vivir de una manera más plena.

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