Consecuencias psicológicas ante la pérdida de un embarazo

  Voy a hablar de algo de lo que no se suele hablar de forma espontánea. Sin embargo, es un tema bastante más frecuente de lo que creemos ¿Y por qué no hablar algo tan frecuente y que tanto afecta a las parejas o familias? Me refiero a los embarazos que no llegan a término o  abortos.

  Las mujeres generalmente por naturaleza  estamos diseñadas para la procreación, siendo así, llega un momento en nuestras vidas que es cuando se despierta el instinto maternal. En ocasiones se despierta a edades más tempranas y en otras más tardías. Pero lo cierto es que puede llegar a ser tan potente ese sentimiento que nos lleva a luchar contra viento y marea para conseguirlo. Hay mujeres que luchan contra la economía ya que quizás no es el mejor momento por cuestiones laborales o económicas, otras contra la falta de apoyo familiar ya que trabajan o viven en otra ciudad donde no pueden recibir ayuda para la crianza y otras incluso contra la ausencia de pareja, ya que a pesar de no tener pareja deciden  someterse a un tratamiento de fertilidad y a ser madres solteras. No hay normas, en algún momento de nuestra vida nuestro cuerpo nos pide ser madres y a veces se consigue con más éxito y otras no con tanto.

  Pero ¿Qué ocurre cuándo una mujer se queda embarazada y su sueño se ve truncado por los caprichos del destino y pierde a ese futuro hijo? Pues una mujer que siente en su piel la creación de una nueva vida y luego la pierde, siente una tristeza muy profunda. Ya no sólo por lo que pudo ser y no será, sino porque en su cuerpo se habían puesto en marcha una serie de hormonas en funcionamiento para la creación de una nueva vida que implican posibles antojos, naúseas, cansancio, hinchazón y mucha alegría entre muchos otros síntomas. Y esas hormonas empiezan a ir en retroceso conforme el embarazo no sigue adelante con todas las consecuencias psicológicas que ello conlleva.

  Todo se ve truncado cuando el embarazo no llega a término y finaliza de forma espontánea por caprichos de la biología. Es entonces cuando se vive una gran tristeza para la futura madre y padre ante la pérdida de esa creación que se estaba gestando. Por supuesto que los padres también tienen un papel fundamental pues también es una pérdida para ellos, pero haré más hincapié en las madres por ser las que viven en su propia piel todos los cambios bioquímicos y por ello tienen mayores consecuencias sobretodo a nivel psicológico. El vivir un aborto implica vivir una pérdida y ello conlleva un proceso de duelo, incluso aunque todavía no haya nacido.

  Imagino que conocéis a alguien que ha pasado por esta situación o incluso puede que os haya pasado a vosotros mismos. Por este motivo,os daré algunas recomendaciones para sobrellevar mejor la situación y poder ayudar a las personas que afectadas:

Respetar los sentimientos y comportamientos que tenga la mujer en esos momentos. Si hay un recién nacido o una embarazada en la familia o amigos y no siente ilusión e incluso si observamos en ella rechazo debemos intentar comprenderlo, dejar espacio para su dolor y mostrarle nuestro apoyo. Al igual que dejamos espacio para la alegría que sienten las mamás que acaban de tener un bebé o para las que están embarazadas y hablamos con ellas de ello, compartiendo su alegría y emoción. Las mujeres que han perdido un embarazo también necesitan ser escuchadas.

Intentar no sustituir rápidamente el dolor con otro embarazo. Cada vida es diferente, se ha perdido una futura vida así que otra vida que se cree y que nazca será diferente a esa. Sería recomendable que pasen al menos unos meses para volver a quedarse embarazada y recuperarse a nivel psicológico y así poder centrar todas las energías en un futuro bebé. Hay que experimentar el dolor y la pérdida y no intentar olvidarlo como si nada hubiese pasado.

Evitar hacer comentarios comparativos relacionados con las vivencias de otras personas del tipo: “pues yo conozco a fulanita que lo suyo fue peor porque abortó cuando el feto ya tenía 6 meses”, “menos mal que ya tienes un hijo, imagínate a las que les pasa y no tienen ningún hijo como lo pasarán de mal”. No es conveniente hacer comparaciones porque cada persona y cada situación es diferente y cada uno lo siente a su manera pero todos los pasan igual de mal. Un aborto es igual para una madre que ya tiene otro hijo que para otra que no tiene ninguno, porque eso sería igual a decir que si tienes dos hijos y fallece uno te duele menos que si sólo tienes uno.

-Volver a retomar hábitos saludables o intentar crear nuevas motivaciones. Puede que después de haber perdido el embarazo, se hayan trastornado los hábitos e incluso el estado de ánimo triste haya influido para que eso ocurra. Es importante retomar el ejercicio físico, las actividades que  resultaban placenteras e incluso buscar otras fuentes que llenen de satisfacciones. La vida está llena de nuevas ilusiones y nos espera para poder descubrirlas.

GERMINAR

  Cuando un embarazo no llega a término o no se llega a producir nunca, es muy similiar a lo que ocurre en la naturaleza. Al fin y al cabo hay semillas que dan su fruto, otras nunca llegan a germinar y otras se secan una vez germinadas. Pero no podemos obviar la frustración, tristeza o desilusión que  puede causar que eso ocurra sobretodo cuando hablamos de una futura vida. Es importante que mantengamos la esperanza y tengamos paciencia porque si no hay ningún problema al final se recogerá lo que se ha sembrado.

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